Existe una posibilidad que la física teórica moderna toma con una seriedad creciente y que, cuando uno la considera con genuina atención intelectual, produce una especie de vértigo existencial sin igual. No el vértigo de mirar hacia abajo desde un lugar alto sino algo más profundo y más difícil de sacudir, el vértigo de mirar hacia adentro y descubrir que lo que considerabas el contorno definitivo de la realidad, el universo, todo lo que existe, podría ser apenas una burbuja infinitesimal en un océano de realidades paralelas de una vastedad que ningún lenguaje humano tiene las palabras adecuadas para describir.
La teoría del multiverso no es una sola idea sino una familia de ideas relacionadas que emergen de diferentes ramas de la física teórica y que convergen en una conclusión que desafía todo lo que la intuición humana construida durante millones de años de evolución está equipada para procesar: nuestro universo podría no ser el único. Podrían existir infinitos universos más, con leyes físicas diferentes, con historias diferentes, con versiones diferentes de cada decisión que alguna vez se tomó y de cada evento que alguna vez ocurrió. Y en algunos de esos universos, según la interpretación de muchos mundos de la mecánica cuántica, existe una versión de vos mismo que tomó el camino que no tomaste, que dijo sí cuando dijiste no, que está viviendo la vida que podrías haber tenido.
Esto no es ciencia ficción. Es física. Y el debate sobre si es física correcta está entre los más apasionados y consecuentes que ocurren en la comunidad científica internacional en este momento.
De dónde viene la idea y por qué los físicos la toman en serio
Para entender por qué físicos serios, con doctorados de las mejores universidades del mundo y carreras dedicadas a la investigación más rigurosa, consideran la posibilidad del multiverso como algo más que especulación irresponsable, hay que entender primero el problema que la idea intenta resolver.
La mecánica cuántica es la teoría física más exitosa que la humanidad ha desarrollado jamás en términos de su capacidad predictiva. Sus predicciones han sido verificadas experimentalmente con una precisión que no tiene paralelo en ninguna otra rama de la ciencia. Cada vez que alguien usa un láser, un transistor, un resonador de imagen magnética o un panel solar, está aprovechando fenómenos que solo existen y solo funcionan porque la mecánica cuántica describe correctamente la realidad a escala subatómica.
El problema es que la mecánica cuántica, con toda su precisión predictiva extraordinaria, tiene en su corazón una ambigüedad interpretativa que los físicos debaten desde hace casi un siglo sin haber llegado a un consenso. La ecuación de Schrödinger, el corazón matemático de la teoría, describe la evolución en el tiempo de algo llamado la función de onda, que representa todos los estados posibles en que puede encontrarse un sistema cuántico simultáneamente. Cuando una partícula cuántica no está siendo observada ni medida, existe en una superposición de múltiples estados a la vez. Cuando es medida u observada, la función de onda colapsa y la partícula adopta un único estado definido.
El problema filosófico profundo es qué significa exactamente ese colapso. ¿Los otros estados simplemente dejan de existir? ¿O siguen existiendo en algún sentido que la teoría estándar no captura? ¿Qué constituye una observación? ¿Por qué el universo a escala cuántica se comporta de manera radicalmente diferente al universo a escala cotidiana?
En 1957, un joven físico llamado Hugh Everett III presentó su tesis doctoral en Princeton con una propuesta radical que respondía todas estas preguntas de una manera a la vez elegante y perturbadora: la función de onda nunca colapsa. Todos los resultados posibles de cada medición cuántica ocurren de manera simultánea en ramas separadas de la realidad que se bifurcan en ese momento y que nunca vuelven a interactuar entre sí. Lo que experimentamos como el colapso de la función de onda a un único resultado es simplemente nuestra consciencia siguiendo una de esas ramas mientras las demás continúan existiendo en paralelo, igualmente reales, igualmente válidas, simplemente inaccesibles para nosotros.
Esta es la interpretación de muchos mundos, y sus implicaciones son literalmente infinitas.
Cada decisión cuántica bifurca el universo: lo que eso significa para tu vida
La interpretación de muchos mundos de Everett tiene una consecuencia que golpea con fuerza particular cuando uno la considera en términos personales y no solo abstractos. Si cada evento cuántico genera una bifurcación de la realidad en todas sus posibles ramas, y si los procesos biológicos incluyendo los neurológicos que generan pensamientos y decisiones son fundamentalmente cuánticos a su nivel más básico, entonces cada decisión que tomaste en tu vida, cada encrucijada, cada momento en que dijiste sí o no, en que elegiste un camino sobre otro, generó universos paralelos donde tomaste la decisión diferente.
El universo donde aceptaste ese trabajo que rechazaste. El universo donde le dijiste a esa persona lo que nunca le dijiste. El universo donde no subiste a ese avión, donde sí te animaste a ese proyecto, donde la conversación que cambió todo no ocurrió porque ese día decidiste quedarte en casa. Desde la perspectiva de la interpretación de muchos mundos, todos esos universos son tan reales como este. La versión de vos mismo que los habita es tan genuina, tan consciente, tan vívida en su experiencia como la que está leyendo estas palabras en este momento.
La diferencia entre vos y esas otras versiones de vos mismo es simplemente que siguieron diferentes ramas de la función de onda universal después de ciertos momentos de bifurcación cuántica. No podés comunicarte con ellas. No podés acceder a esos universos. Pero existen, en la misma medida en que este universo existe, con la misma riqueza y complejidad y drama humano que este.
Hay algo simultáneamente maravilloso y perturbador en esa idea que es difícil de procesar emocionalmente. Todas las versiones de tu vida que podrían haber sido están siendo vividas. Todas las posibilidades se realizan en algún lugar. La tristeza de los caminos no tomados, que es una de las emociones humanas más universales y más frecuentes, se disuelve de una manera extraña cuando uno considera que esos caminos sí fueron tomados, solo que por versiones de uno mismo que no comparten nuestra memoria de haber tomado la otra dirección.
Los cuatro tipos de multiverso según Max Tegmark
El cosmólogo del MIT Max Tegmark, uno de los defensores más articulados y más rigurosos de la idea del multiverso, propuso una clasificación que organiza las diferentes versiones de la idea en cuatro niveles de radicalidad creciente, desde las más conservadoras y apoyadas en observaciones directas hasta las más especulativas y filosóficamente ambiciosas.
El multiverso de Nivel 1 es el menos dramático pero también el más inevitable dado lo que sabemos sobre el universo. Si el universo es espacialmente infinito o suficientemente grande, y si la materia y la energía se distribuyen de manera estadísticamente uniforme a gran escala, entonces en algún lugar suficientemente lejano debe existir una región del espacio donde las condiciones iniciales fueron tan similares a las nuestras que la historia que se desarrolló allí es prácticamente idéntica a la nuestra. Con suficiente distancia, debe existir una copia exacta de la Tierra, del sistema solar, de la Vía Láctea, y de vos mismo leyendo este artículo. No en otro universo sino en una región diferente del mismo universo continuo pero inaccesible porque la luz no ha tenido tiempo de recorrer la distancia desde allí hasta aquí en los trece mil ochocientos millones de años que el universo lleva existiendo.
El multiverso de Nivel 2 emerge de la teoría de la inflación cósmica, el período de expansión exponencial que ocurrió en los primeros instantes después del Big Bang. Según esta teoría, la inflación no terminó de manera uniforme en todo el espacio sino que sigue ocurriendo en la mayoría del universo, produciendo de manera continua regiones donde la inflación termina y se forman universos burbuja separados, cada uno con potencialmente diferentes constantes físicas, diferentes masas de partículas fundamentales, diferente intensidad de las fuerzas fundamentales. Estos universos burbuja son completamente inaccesibles entre sí, separados por regiones de espacio que se expanden más rápido que la velocidad de la luz.
El multiverso de Nivel 3 es precisamente la interpretación de muchos mundos de Everett, donde cada evento cuántico bifurca la realidad en todas sus ramas posibles. El Nivel 4, el más radical y el más filosóficamente ambicioso, es la hipótesis matemática de Tegmark, que propone que toda estructura matemática coherente tiene existencia física real, que el universo no solo está descrito por las matemáticas sino que es matemáticas, y que por lo tanto todos los universos matemáticamente posibles existen con igual realidad ontológica.
Las objeciones serias y el debate que divide a los físicos
Sería deshonesto presentar la teoría del multiverso sin dar cuenta de las objeciones serias que físicos igualmente rigurosos y respetables le plantean, porque el debate dentro de la comunidad científica es genuino y apasionado y no está ni remotamente resuelto.
La objeción más fundamental es la de la falsabilidad. La ciencia progresa, en su método más básico, proponiendo hipótesis que pueden ser refutadas por experimentos o por observaciones. Una hipótesis que en principio no puede ser refutada por ninguna evidencia posible no es, estrictamente hablando, científica sino filosófica o metafísica. Y si los universos paralelos del multiverso son por definición inaccesibles e inobservables desde este universo, ¿cómo podría ninguna observación o experimento posible demostrar que no existen?
El físico y cosmólogo Paul Steinhardt, de Princeton, uno de los críticos más articulados de la teoría del multiverso, argumenta que una teoría que predice todo porque cualquier resultado observacional es compatible con la existencia de algún universo dentro del multiverso que lo produce, en realidad no predice nada. Una teoría que no puede ser falseada no puede ser confirmada. Y una teoría que no puede ser confirmada no pertenece al dominio de la ciencia sino al de la especulación filosófica, por más que esté expresada en lenguaje matemático sofisticado.
Los defensores del multiverso responden que la falsabilidad directa no es el único criterio de valor científico, que la teoría del multiverso emerge de maneras naturales e inevitables de teorías como la inflación cósmica y la mecánica cuántica que sí tienen respaldo observacional sólido, y que descartar el multiverso por razones de falsabilidad equivaldría a descartar también esas teorías fundamentales o a asumir de manera no justificada que la realidad termina exactamente en el límite de lo que podemos observar directamente.
Las constantes físicas que parecen diseñadas para permitir la vida
Uno de los argumentos más potentes a favor de alguna versión del multiverso viene de un lugar inesperado: la observación de que las constantes físicas de nuestro universo parecen estar ajustadas con una precisión extraordinaria para permitir la existencia de estructuras complejas, de química rica y eventualmente de vida.
La constante cosmológica, que describe la energía del espacio vacío y determina la tasa de expansión del universo, tiene un valor que es aproximadamente ciento veinte órdenes de magnitud más pequeño que el valor que la física teórica predice desde primeros principios. Si fuera apenas un poco más grande, el universo se habría expandido demasiado rápido para que la gravedad pudiera formar galaxias, estrellas y planetas. Si fuera negativa más allá de cierto umbral, el universo se hubiera contraído de nuevo antes de que la vida tuviera tiempo de surgir.
La fuerza nuclear fuerte, que mantiene unidos los núcleos atómicos, tiene un valor que si fuera apenas un dos por ciento diferente haría que el hidrógeno no pudiera fusionarse en helio en las estrellas o que los núcleos atómicos más pesados que el hidrógeno fueran inestables. En cualquiera de esos casos, no habría química compleja y no habría vida.
Esta extraordinaria precisión de las constantes físicas, que los físicos llaman ajuste fino o fine tuning, tiene básicamente tres explicaciones posibles: coincidencia pura y simple, que resulta estadísticamente casi imposible de aceptar dado el número de parámetros involucrados; diseño inteligente, que es una explicación teológica fuera del dominio de la física; o multiverso, donde existen infinitos universos con diferentes valores de las constantes físicas y naturalmente vivimos en uno de los pocos que tienen los valores compatibles con nuestra existencia, simplemente porque en los demás no hay nadie para hacerse la pregunta. Esta última lógica se conoce como el principio antrópico y es uno de los argumentos más poderosos aunque también más debatidos a favor de la existencia del multiverso.
Lo que significa para el sentido de la existencia humana
Si el multiverso existe en cualquiera de sus versiones, las implicaciones para el sentido que los seres humanos atribuyen a su existencia son complejas y van en direcciones aparentemente contradictorias.
Por un lado, la existencia del multiverso podría parecer devastadora para el sentido de singularidad y de importancia que los seres humanos asocian intuitivamente a su existencia. Si hay infinitas versiones de vos mismo viviendo infinitas variaciones de tu vida, si cada decisión que tomás genera ramas donde tomaste todas las demás opciones, si cada momento histórico significativo ocurrió de todas las maneras posibles en algún universo, entonces nada de lo que ocurre aquí parece tener el peso de la unicidad que le atribuímos.
Pero hay otra manera de mirar exactamente la misma situación que lleva a una conclusión completamente diferente. En un multiverso infinito, donde todo lo posible ocurre, la existencia de este universo específico, con esta historia específica, con esta versión específica de cada persona y cada momento, no es menos extraordinaria. Es simplemente una entre infinitas, lo cual no la hace menos real, menos vívida, menos cargada de significado para quienes la habitan.
El filósofo David Deutsch, uno de los defensores más articulados de la interpretación de muchos mundos y pionero de la computación cuántica, argumenta que lejos de trivializar la existencia humana, el multiverso de Everett la ennoblece. Porque si todas las ramas de la función de onda son igualmente reales, entonces cada acción moral que tomamos, cada decisión de ser mejores personas, de reducir el sufrimiento, de crear belleza o conocimiento, se realiza en todas las ramas en que tomamos esa decisión. El bien que hacemos es real en todas esas ramas simultáneamente. La responsabilidad moral no desaparece en el multiverso. Se multiplica.
El universo más grande que podemos imaginar podría ser apenas el comienzo
Hay una escala de pensamiento que la física moderna nos exige que adoptemos y que la mente humana, formada por millones de años de evolución en la sabana africana donde los problemas importantes tenían la escala de un día de caza o de una tormenta de verano, simplemente no está equipada para sostener sin cierto vértigo cognitivo.
Nuestro universo observable tiene un diámetro de aproximadamente noventa y tres mil millones de años luz. Contiene dos billones de galaxias. Lleva existiendo trece mil ochocientos millones de años. Es una escala que supera toda intuición y toda analogía útil. Y sin embargo, si el multiverso existe en cualquiera de sus versiones, todo eso, la totalidad de esa vastedad astronómica, es apenas una burbuja infinitesimal en una realidad más grande de una manera que hace que la palabra más grande pierda todo significado útil.
La física moderna nos está diciendo, con una lógica que todavía no hemos podido refutar de manera convincente, que la realidad podría ser incomparablemente más grande, más compleja y más rica de lo que ninguna tradición filosófica, religiosa o científica anterior había imaginado. Y que en esa realidad más grande, este momento preciso, esta experiencia específica de estar vivo y consciente y capaz de hacerse estas preguntas, sigue siendo algo que ocurre, que importa, que es real en el único sentido que la palabra real puede tener para cualquier ser consciente.
Que eso sea suficiente o no para dar sentido a la existencia es, quizás, la pregunta más humana de todas. Y es una pregunta que, en todas las ramas del multiverso donde existe alguien suficientemente curioso para hacérsela, sigue esperando una respuesta

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